
Hablar hoy del silvestrismo en España es complicado porque se mezclan tradición, leyes europeas, emociones, intereses y, en los últimos años, una fuerte polémica científica y social. El resultado es que muchos aficionados ya no saben exactamente qué está prohibido, desde cuándo, por qué, y de qué permisos habla ahora todo el mundo.
En este artículo he querido poner orden, empezar desde el principio y avanzar paso a paso. Sin ruido. Para que cualquier persona —aficionada o no— entienda:
- qué es realmente el silvestrismo
- cómo funcionó durante décadas
- cuándo y por qué se empezó a prohibir
- por qué hoy se habla de “permisos científicos”
- y cuáles son las dos visiones enfrentadas
Al final, dejaré mi opinión personal, claramente diferenciada del resto del contenido.
¿Qué es el silvestrismo en España?
El silvestrismo es una práctica tradicional ligada a la captura puntual de aves fringílidas silvestres (principalmente jilguero, verderón y pardillo) con el objetivo de:
- disfrutar y educar su canto
- participar en concursos tradicionales
- mantener líneas de canto apreciadas culturalmente
Durante décadas, esta práctica estuvo regulada por las comunidades autónomas, mediante:
- cupos muy limitados
- temporadas concretas
- permisos nominativos
- control federativo
No era “captura libre”. Era una actividad muy controlada, al menos sobre el papel.
El punto de inflexión: Europa entra en juego

El gran cambio llega con la Directiva Aves de la Unión Europea (Directiva 2009/147/CE). Esta norma establece que:
- Las aves silvestres están protegidas
- La captura solo puede permitirse de forma excepcional
- Y solo si no existe otra solución alternativa
Aquí empieza el conflicto.
Europa empieza a cuestionar si el silvestrismo recreativo cumple realmente esos requisitos de excepción. España, como Estado miembro, queda bajo vigilancia.
¿Cuándo empieza la prohibición del silvestrismo?
No hubo un solo día ni una sola ley que “lo prohibiera todo”. Fue un proceso progresivo, algo importante de entender.
Etapa 1 – Reducción y control más estricto (aprox. 2010–2015)
- Se reducen cupos
- Se exigen más justificaciones
- Aumenta el control administrativo
Etapa 2 – Presión directa de la Comisión Europea (2015–2018)
La Comisión Europea considera que:
- La captura para canto no justifica una excepción
- Existen alternativas como la cría en cautividad
- España no demuestra que no haya otra solución
Etapa 3 – Parón práctico de la actividad (2018 en adelante)
A partir de 2018:
- La mayoría de comunidades dejan de conceder permisos
- La captura recreativa de fringílidos queda prácticamente extinguida
- El silvestrismo tradicional entra en bloqueo legal
Desde entonces, no existe en España un modelo general de captura recreativa legal de fringílidos.
Entonces… ¿por qué ahora se habla de “permisos científicos”?
Aquí entramos en el debate actual.
Desde hace unos años, algunas administraciones y sectores defienden la posibilidad de capturas con fines científicos o de investigación, que sí están contempladas como excepción en la Directiva Aves.
En teoría, estos permisos sirven para:
- estudios poblacionales
- anillamiento científico
- evaluación genética o sanitaria
El problema surge cuando organizaciones conservacionistas detectan que:
- algunas personas autorizadas coinciden con antiguos silvestristas
- parte de los estudios buscan justificar una futura reapertura
- existe posible conflicto de intereses
Entre las voces críticas destaca la organización Better Life, que ha denunciado públicamente que ciertos permisos científicos podrían estar utilizándose de forma instrumentalizada.
Las dos posiciones enfrentadas, explicadas con respeto
La postura conservacionista
Sostienen que:
- Las poblaciones de fringílidos no se han recuperado suficientemente
- La captura nunca debe usarse para ocio o tradición
- Los permisos científicos deben ser totalmente independientes
- Mezclar silvestrismo y ciencia resta credibilidad a la investigación
La postura del sector silvestrista
Defienden que:
- La actividad fue tradicional y muy controlada
- El silvestrismo no fue el causante principal del declive
- Hay mucha cría en cautividad, pero no cubre todo
- Quieren una reapertura muy limitada, controlada y transparente
Ambos coinciden en algo importante, aunque no siempre lo parezca:
sin control ni datos fiables, no debería permitirse nada.
Conclusión (mi opinión personal)
El silvestrismo en España no debe analizarse desde extremos. Ni todo fue negativo en el pasado, ni toda captura es, por definición, incompatible con la conservación. La realidad es que las poblaciones de aves no son estáticas: bajan, se recuperan y, cuando las condiciones mejoran, pueden volver a niveles similares a los de épocas anteriores.
Por eso, mi postura es clara: si se demuestra que especies como el jilguero u otros fringílidos han recuperado poblaciones estables y saludables, estoy a favor de que puedan existir permisos de captura, pero mucho más controlados, limitados y vigilados que antes. No como un derecho automático, sino como una excepción bien justificada, transparente y basada en datos reales.
La clave está en el equilibrio: conservar las aves en libertad y, al mismo tiempo, permitir que una tradición muy arraigada pueda existir sin poner en riesgo aquello que pretende celebrar. Si ese equilibrio no se puede garantizar, entonces no debería permitirse. Pero si se puede demostrar, merece al menos ser estudiado con seriedad y sin prejuicios.


